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LA SUPERCOMPUTADORA

Clementina 2 es la segunda en el linaje de grandes computadoras que hicieron pie en el país desde la mitad del siglo XX hasta la fecha. Es la heredera de la máquina pionera de supercálculo que, en 1961 y por iniciativa del matemático Manuel Sadosky, llegó a la Argentina desde Manchester, Inglaterra, donde había sido construida por la firma Mercury. Tras desembolsar la suma equivalente a 300.000 dólares actuales con un subsidio del Conicet, Sadosky -que antes había fundado el Instituto de Cálculo- logró poner en marcha el gigante electrónico. Para satisfacción propia y del doctor Bernardo Houssay, fundador y presidente del Conicet por entonces.

Aquella máquina de 1961 medía 20 metros de largo por 2,3 de alto, se dividía en 12 paneles, operaba a válvulas y estaba superpoblada de circuitos y condensadores. Para alojarla, en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales se acondicionó una sala con temperatura y humedad controladas, y el grupo de trabajo liderado por Sadosky se dispuso a crear un lenguaje específico para su manejo, bautizado ComIC (Compilador del Instituto de Cálculo). El nombre, en tanto, se les ocurrió a sus operadores tan pronto iniciaron el equipo: las válvulas, cuando comenzaban a funcionar, emitían un sonido modulado que imitaba los primeros compases del fox Clementine.

La máquina se dedicaría, luego, a decodificar las instrucciones recibidas en cintas perforadas para cumplir tareas de cálculo complejo, como pronósticos climáticos, cálculos astronómicos, traducciones lingüísticas automáticas, proyecciones estadísticas y otras misiones hasta entonces imposibles de llevar adelante en los laboratorios del país. Más de 1000 tareas científicas de gran magnitud en 5 años, hasta que en 1966 la noche de los bastones largos -cuando la policía del régimen militar de Onganía tomó por la fuerza la universidad pública- puso fin a la vida útil de Clementina. Sus operadores, según relató alguna vez el mismo Sadosky, no se enteraron esa noche de la violenta represión policial que tuvo lugar: se habían quedado hasta las 6 de la mañana haciendo cálculos en el laboratorio.

En 1999 arriba al país un equipo de supercómputo (Clementina 2), adquirido por Telecom y entregado al Estado en concepto de pago por multas y obligaciones que la empresa de telecomunicaciones acumulaba. Fue instalada en un edificio de Telecom, dentro de un flamante Centro de Supercomputación y comenzó a operar en febrero de 2000. Este equipo es de origen norteamericano y, según la empresa SGI (ex Silicon Graphics), diseñadora y fabricante de la tecnología, se pagaron por él casi 3 millones de dólares.


Aunque la cifra era considerable, la inversión bien valía la pena pues de la mano de Clementina 2 llegaron buenas noticias para la comunidad científica y académica, que podría hacer uso del equipo de supercómputo sin desembolsar un centavo. En definitiva, la ciencia argentina, desde ese momento tiene acceso gratuito a una herramienta por demás poderosa.


Clementina 2 fue presentado en sociedad el jueves 30 de marzo del 2003 por el entonces secretario para la Tecnología, la Ciencia y la Innovación Productiva, Dr Dante Caputo, en el marco del plan de desarrollo tecnológico del Programa Nacional para la Sociedad de la Información  A partir de esa fecha  la Ex SeCyT  (hoy MinCyT) tiene bajo su órbita de influencia el uso y mantenimiento de Clementina 2.

CLEMENTINA 2 - Pesa 317 kilos y sus medidas son 185 cm por 102.

Con 40 procesadores que funcionan en paralelo, Clementina 2 es, en rigor, una computadora Cray Origin 2000, de la firma SGI (nueva denominación para Silicon Graphics, una de las empresas con fuerte presencia en el segmento de equipos para diseño, trabajo 3D y otras rutinas que demandan alta capacidad de cálculo).

A los 40 procesadores MIPS RISC R12000 a 300 MHz se suma un caché secundario de 4 MB, 10 GB de memoria, 360 GB para almacenamiento en disco, 7 terabytes de capacidad para backup y un ancho de banda del bus del sistema de alrededor de 7 GB.
El corazón de Clementina, en tanto, es una versión de Unix de la misma Silicon, llamado Irix.

Con aplicaciones específicas se pueden realizar predicciones y ensayos tridimensionales a gran velocidad.

Para lograr su puesta en marcha, funcionarios del Gobierno debieron gestionar un permiso especial ante el Departamento de Defensa de los Estados Unidos para sumar a los 16 procesadores con que contaba el equipo originalmente otros 24, no sin antes declarar que no se dará a éste un uso bélico.

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